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Texto de Joaquim Dols |
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Esto
no es esto. Corno casi siempre. Como casi nunca Esto
es un texto que no es un texto, propiamente, aunque esté escrito. Un
texto escrito que no es un escrito, por más que pueda ser leído. Un
texto escrito y legible que no es un. artículo, a pesar de su
condición de ponencia. Un texto escrito y legible como ponencia que ni
siquiera es una ponencia, bien que exista dentro del contexto de un
seminario. Esto
no es esto, estrictamente, porque esto no quiere ser esto. Del ser y el
querer. No quiere ser una ponencia, no quiere ser un artículo, no
quiere ser un texto, no quiere ni tan siquiera tener un título. ¿Título
de esto? Esto no tiene título, pues nadie habla empezando a hablar un
título. Ni a hablar, ni a oír, ni a pensar, ni mucho menos a sentir.
Nadie en sus cabales. Nadie en sus sentimientos. Nadie en su propia
libertad. El título ha nacido para las propiedades. Para las consignas.
Para los soligmos. Para los convencimientos. Para la venta, sobre todo
cuando lo es de ideas. Los
artículos, las ponencias, las proclamas tienen título; la vida, no. Ni
la vida del pensamiento, ni la vida de la sensación, ni incluso la vida
de la pequeña vida cotidiana. Nuestra, que lo es tuya, que lo es mía,
que lo es suya. La vida cotidiana en compañía, de otros. La vida
cotidiana en compañía, de uno mismo. Nadie empieza a hablar a los
demás desde un título, pero menos aún empieza nadie a hablarse a sí
mismo desde un título: habla; simplemente, habla. A voz en grito, con
voz queda, en el silencio del pensamiento. Sin titulo. Sin titular. Sin
titulación. Intitulación. Ni
lo queremos, ni lo necesitamos, el título. Sólo sirve para acotar, que
es restringir, que es obligar. El título como resumen, imposible. El
título como coacción, cierta. El título como marca, a fuego. Esto es
esto y nada más que esto, desde el propio título. Y las cosas no son
así, no debieran ser así. Las cosas debieran ser justo lo contrario,
es decir, fluidas, abiertas, ondulantes. Como el propio habla, la real,
siempre improvisada, siempre disparatada, siempre entrecortada,
fluctuando de una cosa a otra, del pasado al futuro y de nuevo al
pasado, entre lo pensado y lo dicho y lo no dicho y lo no pensado. El
habla como metapensamiento, a la vez de lo uno y de lo contrario. Como
hiperpensamiento, a un tiempo en todas direcciones. Hablar,
escribir, leer, imaginar, entender, dudar. Hablar no es sino convertir
los pensamientos en imágenes para el oído, transformar las sensaciones
en música para los ojos, extravertirse en formato objetual. Hablar,
comunicar, expresar, transmitir, pero ante todo transmitirse uno mismo,
el gesto y la duda, la incoherencia y la pasión, el recuerdo y el
ensueño, el brillo y la oscuridad. Uno mismo entero. Todo entero. Esto
no es esto y sí lo otro. Esto
es lo otro, porque, aun ofreciéndose en forma de texto, no habría que
leerlo, sino oírlo. Verlo. Sentirlo. Un texto de palabras para el
oído, escritas en voz alta. Una nube de palabras dichas, que ha llovido
en forma de texto. El registro de la voz. El registro del pensamiento.
El registro de la sensación. Para tus oídos, que lo oyen. Para tus
ojos, que lo ven. Para tu cuerpo, que lo siente. Para tu mente, que lo
piensa. Y repiensa. Y resiente. Y más que rever, revive. Esto
sí que es lo otro y no es esto, porque justamente pretende no sentar
cátedra alguna, que es tanto como no llevar las aguas a mi molino. Que
no tengo molino y tampoco quiero moler ni las ideas, ni las sensaciones,
ni las emociones, ni los recuerdos de nadie. A lo sumo, dejaré que los
míos asciendan al cielo de las mil y una maravillas, si así se dan las
circunstancias. A lo máximo, festejaré que arrastren a los tuyos en su
feliz explosión, siempre que los tuyos sean los tuyos, propios. A lo
cierto, procuraré que las aguas lo sean de la memoria, no del olvido.
De la sinceridad, no de la enfatuación. De la empatía, no del
conocimiento. Esto
no es esto, en tanto esto no desea transmitir ningún conocimiento y,
sobre todo, ningún conocimiento concreto. Esto es pura agua, puro humo,
puro olor. El olor, el humo y el agua del decurso, nunca del discurso,
El agua; humo y olor del contexto, jamás del texto, El humo, olor y
agua de la incitación, de la excitación, de la insinuación. Esto
no es esto, de donde bien podría ser aquello. O eso. O todo. O lo tuyo,
o lo suyo, que son todos y cada uno de los diversos suyos y tuyos
posibles. Esto
no es esto, y no lo es, porque ¿cómo podría serlo hablando de latas?
De conserva. Y de etiquetas. De queso. Y de cromos. De tabletas de
chocolate. Y de paquetes. De achicoria. Y de envoltorios. De naranjas. Esto
sí es lo otro, y sí lo es, porque justamente habla de arte sin hablar
de arte. De la estampación. Del grabado. Del troquelado. Del diseño.
De la publicidad. De la imagen. De la creación. De la belleza. Esto
no es esto y sí es lo otro, porque desea ofrecerse como un cuerpo
abierto en palabra, cuerpo de sensaciones, cuerpo de hilaciones, cuerpo
de reacciones, cuerpo de contradicciones, cuerpo de emociones. Cuerpo
uno para el cuerpo otro, del pensamiento, del raciocinio, de la
imaginación. La palabra y el olfato. El olfato y el sí/no-arte. Latas
de pimentón, que huelen. Etiquetas de queso, que huelen. Cromos de
tabletas de chocolate, que huelen. Paquetes de achicoria, que huelen. El
olor de las palabras. El olor de las imágenes. El olor de los textos. Esto
no es esto, porque esto huele. A sardinas en lata y atún en escabeche.
A aceitunas rellenas. A mantequilla salada. A café. A sobrasada. A
naranjas y limones. A aceite. A dulce de membrillo. A galletitas de
sésamo. A sémola de trigo. A cacao. El olor como vía de pensamiento.
El olor y el color como método de sentimiento. El olor y el color y la
imagen como sistemas de conocimiento. De uno mismo. De los demás. Olores
y colores e imágenes que brotan en desorden, que no es sino el orden
natural de las cosas, incluidas las del pensamiento. Las del
sentimiento. Las del conocimiento. El conocimiento desordenado, que no
es sino liberado. De las ataduras del desconocimiento. Del yugo de la
recta razón. De la ausencia de uno mismo, que es la peor de las
ausencias y el más cruel de los castigos. Especialmente si lo es
universitario. Esto
no es esto, porque el orden no es orden, sino muerte en vida,
desordenada en su propio orden, que es taxonimia, que es taxidermia.
Esto no esto, porque el desorden no es desorden, sino ordenamiento
natural de los hechos según nuestro propio vivir, a la vez en todas
direcciones, a la vez en todas las oposiciones, a la vez en todas las
sinrazones. Esto
no es esto porque nunca nada es esto. Nada. Nunca. No hay verdad. No hay
esto. No hay nada. Sólo estamos tú, yo y aquello que nos puede
conectar, que debiera ser interconectar. La interconexión de la
palabra, mediante la palabra, más allá de la palabra. La palabra hecha
olor. La palabra hecha imagen. La palabra hecha gesto. La palabra hecha
chispa. La palabra hecha conmoción. La palabra hecha recuerdo. La
palabra hecha lata, etiqueta, paquete, envoltorio, cromo. Esto
no es esto, porque habla palabras que no son palabras, sino olores. A
salazón. A ahumado. A especia. A hierba. A miel. A rancio. A dulce. A
curado. Esto
no es esto, porque habla palabras que no son palabras, sino imágenes.
De pescadores y mozorras, frailes y pastores, ventas y palacios, selvas
y mares, frutas y atardeceres, niños y ondinas, desiertos y Tajmahales. Esto
no es esto, porque habla palabras que no son palabras, sino colores y
texturas y pátinas. Colores brillantes y satinados, dorados y
crepusculares, bestias y sutiles. Texturas lisas y rugosas, ásperas y
aterciopeladas, frías y cálidas. Pátinas, la pátina del papel
arrugado, la pátina del metal oxidado, la pátina del cartón
enmohecido, la pátina del tiempo hecho nueva imagen sobre la imagen,
desdoblada, redoblada, multiplicada. Esto
no es esto, porque habla palabras que no son palabras, sino pátinas y
texturas y colores e imágenes y olores y tactos. El tacto del peso. El
tacto del bote, que es caja, que es paquete, que es pieza, que es lata,
en la mano. En las manos. El tacto del peso en la mano. De la superficie
áspera, de la superficie crujiente, de la superficie denterosa, de la
superficie amorosa. Esto
no es esto, porque habla de palabras que no son palabras sino pátinas y
texturas y colores e imágenes y olores y tactos y lo hace con la
palabra. De palabra. La palabra que provoca la imagen. La palabra que
convoca el olor. La palabra que invoca el recuerdo. Esto
no es esto, porque <mi> esto no tiene por qué ser <tu>
esto. Ni tampoco exactamente esto. Eso. Aquello. Porque, de hecho, nunca
podrá serlo. A lo sumo podrán coincidir, en parte. A lo sumo deberán
complementarse, en todo. Esto
no es un texto, porque en el fondo es un objeto. Un objeto cuya imagen
debes poner tú mismo, que es tanto como extraerla de ti mismo, de tu
pasado, de tu entorno. La imagen y el olor y el tacto, la textura y la
pátina, la emoción y el regusto. La ensoñación. La vivencia. El
sentimiento, de nuevo. La emoción estética, por siempre. Tu
sabrás de qué estante. El arte en tiempos de estantes. Tú
sabrás en qué tienda. El arte en tiempos de tiendas con estantes. Tú
sabrás, pero sólo si te sinceras. Contigo mismo. Extrayéndolo del
poso de los recuerdos. Tuyos. Abriéndote a la presencia de las
realidades. Tuyas. Sin definiciones previas. Sin títulos previos. Sin
coacciones previas. De ningún tipo. Ni tan siquiera esta, que no
pretende serlo. Que no lo es. Esto
no es esto. El arte no es el arte. La tienda no es la tienda. Esto,
el arte y las tiendas en tiempos revueltos. Afortunadamente revueltos.
El fin de los mensajes, debiera. El principio de las vivencias,
quisiera. Las
vivencias y las equivalencias,, que justamente entonces esto puede
empezar a ser esto. Esto mío como eso tuyo y, ambos, como aquello suyo.
La tienda y el arte en tiempos de equivalencias, que si las cosas no son
lo que son, justamente por ello resultan otra cosa. Como otra cosa. El
principio del deslizamiento. El final de la inmovilidad. El
sí-arte y el no-arte en tiempos de maravillas y emociones. La maravilla
del pensamiento. La emoción del conocimiento. Hechos lata.
Centrémonos, concentrémonos tan sólo en las latas. Por poner un
ejemplo. Para que quede bien claro que no se trata de ser exhaustivos.
En absoluto esa es mi intención. Latas y nada más que latas. Y apenas
algunas pocas, que bastan y sobran como ejemplo de todo lo que, al decir
lata, estamos diciendo. Podríamos
extendernos a los quesos, etiquetas increíbles, etiquetas de impacto,
que lo es de infarto, por su belleza en bruto, Queso
Garbán, Alcázar de San Juan, Ciudad Real. Por su brutalidad en
bello, Monteviejo. Eusebio
Manzano, Palencia. Pero no, hoy no toca, Del mismo modo que hoy y aquí
tampoco toca ocuparse de los embutidos, envoltorios salvajes,
envoltorios primarios, Pollentia,
Embutidos Forteza, Pollensa, Mallorca. Ni tan siquiera de las naranjas y
limones, brillantes, brillantísimos papeles, El
Estudiante, Xeraco Fruits, Xeraco, Valencia. Pero no, nos
circunscribiremos a las latas: sólo latas. De sardinas. De atún. De
aceitunas. De pimentón De mantequilla. De caramelos, De galletas. De
aceite. De cacahuetes, salados. De polvorones. De lo que sea. Latas.
Humildes. Espectaculares. Diminutas. Gigantescas. Estampadas.
Troqueladas. Geniales. Brutales. Maravillosas. Esto
no es esto, porque esto nada tiene que ver con el pop art. Ni con la
sofisticación grunge. Ni con
el falso kitsch. Esto no es
esto, porque va en serio. Nada de guiño casposo. Va pero que muy en
serio. Todo lo serio que puede ir la emoción estética. Tal cual. En
mayúsculas o en minúsculas, pero estética. Nada de pseudo-glamour
cutre. Más allá del si-arte y del no-arte. Más allá de las
calificaciones y las clasificaciones. Más allá de los estereotipos y
las prevenciones. Y si esto no es esto, en buena parte es porque no
tiene miedo a no serlo. Porque no teme lo que realmente pueda llegar a
ser. Porque no se escuda detrás de la seguridad de los tópicos. El
t6pico por antonomasia del esto es esto. Y arte es arte. Y lata es lata.
Y texto es texto. Esto
no es un texto. Esto
sí es una lata, de atún. Claro en escabeche, claro en aceite de oliva.
El Velero. Conservas
de Pescados Ortiz, S. A. Ondárroa. Vizcaya. De bonito del norte. Frito.
En aceite de oliva. La nutria.
Vda. de Domingo Güenaga. Ondárroa, Vizcaya. De anchoas en salazón. Zallo. Conservas Zallo, S. A. Bermeo, Vizcaya. De makarel en
escabeche elaborado estilo atún. Zaitu.
Conservas Zallo, S. A. Bermeo, Vizcaya. Esto
es una lata. Esto no es esto. Esto es lo que no es. Poco me importa que
sí se llame lata. Poco me importa que no se llame arte. Menos que poco,
lo más mínimo, ¡nada! me impresiona que se encuentre en las tiendas.
Mercados. Supermercados. Hipermercados. ¿No me digas que a ti sí que
te importa, que a él sí que le impresiona? Esto
no es esto, precisamente porque se da bajo la apariencia de esto. Y no
es que las apariencias engañen, que engañan, sino que las cosas, los
valores, las esencias, para ser, realmente ser, se ven inevitablemente
abocadas a cambiar de apariencia. A esconderse bajo lo contrario. A
preservarse detrás de lo insólito. A mantenerse inmutables justamente
en su eterno cambio, que es deriva, que es navegación. Y es así que,
cuando creemos haberlas pifiado, ahí ¡ahí están!, ya se han ido,
dejando a lo sumo detrás suyo una huella, una piel, un perfume. Esto
no es esto, porque para serio, esto, debe mantenerse en eterno cambio. A
eso. A aquello. Es
así que esto no es esto, y que este texto es una lata, de pimentón. Choricero
Oro. Piment Doux Moulu. Papikra. Industrias Flores Bastida, S. A.
Espinardo, Murcia. La Odalisca,
Pimentón puro. José Mª Fuster Hernández. Espinardo, Murcia. La
Constancia, Fábrica de Pimentón y Refinado de Especias. Productos
La Constancia, S. L.
Cabezo de Torres, Murcia. Santo
Domingo. Sobrina de Manuel López. Aldeanueva del Camino, Cáceres. La
Mantilla Española. Jesús Muñoz Pujante. Cabezo Cortado, Espinardo,
Murcia. Titán. José
Martínez y Cia. Lorqui, Murcia. Carlos
I. Orencio Hoyo, S. L. Cuacos de Yuste, Cáceres. La Locomotora. Refinería de Especias La Locomotora. La Locomotora
es garantía absoluta de la pureza de sus productos. Femando Muñoz
Muñoz. Cabeza de Torres, Murcia. Una
lata de pimentón, cualquiera, que todas son de asombro: Carmencita
y La Masía y Polluelos y EL Baraja y El
Gorrión y La Dalia y La Paloma y La
Asturiana y Las Palmeras y ¡EL Choricero
Asturiano! Mini-latas. Maxi-latas. Latas bruñidas. Latas fragantes.
Latas acariciables. Con la mirada, Con el tacto. Con el olfato. Con el
gusto. Con el pensamiento. Que sólo noto a faltar el oído, y aún no
sé si será cuestión de sordera, mía. Esto
es una lata, de aceitunas. Moronera.
Aceitunas sevillanas rellenas de anchoas. Cooperativa Agropecuaria
Jesús de la Catada, Morón de la Frontera, Sevilla. EL
Faro. Manzanilla
Olives. Aceitunas verdes rellenas de anchoa, Faroliva, S. L. Los
Dolores, Murcia. Fragata.
Aceitunas sevillanas Rellenas de Atún. Angel Camacho, S. A. Morón de
la Frontera, Sevilla. Karina,
Aceitunas verdes rellenas de anchoa. Calidad Selecta, Pujante y Canovas
S. L. Alcantarilla, Murcia. Esto
no es esto, porque no es tan sólo esto, sino esto y eso y aquello y
todo lo nombrable y aún lo innombrable. Latas que son latas y todo
cuanto vienen a significar: latas, off-off,
primal, out. La lata como lo que no está, nunca, pero que por
contra es, siempre. La lata como los márgenes de los márgenes
directamente fuera de margen, que es campo visual, que es historia. La
lata como la vida que no aparece jamás contemplada por la historia,
oficial, cual si no existiese, cual si no importara. La lata como lo
humilde, como lo cotidiano, como lo discreto. Lo real. Esto
no es esto, justamente porque es una lata. De aceite. Carbonell. Aceite de Oliva Español. Carbonell y Cª, Córdoba.
Folclórica. Increíble. Entrañable. Majestuosa. De arte y ensayo. ¿De
arte? ¿De ensayo? ¿Latas de arte y ensayo? ¿Latas de no-arte y
no-diseño como arte, de arte-y-ensayo? ¿Latas del arte del no-arte y
no-diseño de lo anónimo, lo recóndito, lo popular? La
lata como ejemplo, perfecto, de lo que implica que esto nunca, pero
nunca, sea esto. Ni las latas, ni el arte son lo que son, lo que dicen
que son, lo que se dice que son. Arte & cash.
¿Qué es lo que tienen en común esas latas imagineras con el arte?: la
imagen, que es imaginería, que es imaginación, que es imaginario. El
imaginario colectivo, El imaginario sensible. El imaginario maravilloso.
El imaginario contemporáneo. Latas
& trash. ¿Qué es lo que
los diferencia? El precio, que es la valoración social, que es el
programa ministerial de historia del arte, que es la convención de una
sociedad y un momento dados. Arte, y quien dice arte, dice diseño, y
quien dice arte y diseño está diciendo comunicación, mass-media y
nuevas tecnologías de la imagen. El problema da las latas,
fundamentalmente, es un problema doble: de liquidez, cash,
y de conservación, trash. Son
demasiado baratas. Son demasiado fáciles de obtener. Incluso son
demasiadas. El
problema de esas latas no es tanto el que pertenezcan o no al mundo de
la estampación o la impresión o el grabado o lo que sea, sino algo
mucho más sencillo: hay muchas y están por todas partes. Como las
puestas de sol. Como el olor a jazmín. Como el ronroneo del gato. Como
el comic. Como los cartoons.
Como los billboards. Hay
muchas, están por todas partes y ni tan siquiera se necesita de un
billete para disfrutarlas: basta con pasear, por la calle de
escaparates, por la tienda de estanterías. Están ahí, discretas, como
los geranios. Anónimas, como la humanidad misma. El
problema de esas latas es que, de comprarse, se compran para comer su
contenido, y tirarlas. El problema de las latas es que se compran para
tirarlas. Se usan, se viven, se disfrutan, y luego se las devuelve a la
nada. Normalmente. El problema del arte es que, de comprarse, se compra
para no tirarlo. El problema del arte es que no puede volver a la nada.
El problema del arte es que debe ser eterno. El problema del arte es
que, además de ser eterno, ni se disfruta, ni se vive, ni se usa. Normalmente. Esto
no es esto, porque la emoción estética salta dónde y cuándo uno
menos se lo espera. Como las liebres. Esto no es esto, porque la idea de
belleza surge cuándo y dónde quiere. Como las tormentas. Esto no es
esto, porque la emoción artística adopta las formas más
insospechadas. Como las latas. Esto
no es esto, del mismo modo que una brizna de hierba es el cosmos. O
puede ser el cosmos. O podemos entenderla cual si fuera el cosmos. O
nada de todo eso. O todo lo contrario. Esto
no es esto, por la misma razón que, a veces se baja bajando y en otras
se baja subiendo, que las cosas son, afortunadamente, complejas, ricas,
vivas, sorprendentes. Esto
no es esto, y es así que esto no es un texto sobre la estampa popular,
sino una lata estampada, Mantequilla
Imperial, Mantequerías de Tineo, S. A. Tineo, Asturias. Y es así
que una lata estampada no es package
de alimento para el consumo humano, Cho,
Ormaza Conservas, S. A. Bermeo, Vizcaya, sino un objeto para nuestro
deleite visual, que lo es mental, que lo es emotivo, que lo es
sentimental. Y es así que un objeto de arte y diseño, siendo un
objeto, no lo es en cambio ni de diseño ni de arte, a pesar de que
reúne todas, absolutamente todas las condiciones para serlo, y de hecho
lo es, quizás humilde, a buen seguro que de poco valor económico, pero
no por ello menos maravilloso, El
batel. Fábrica de Escabeches y Salazones Pedro Alegría. Ondárroa,
Vizcaya. Claro
está que, a estas alturas del discurso, que antes bien ha pretendido
ser decurso, espero que andemos ya curados de todo espanto y no nos
afecten lo más mínimo unos tales corrimientos de tierras, que lo son
de definiciones, que lo son de valores, pues la vida es así. En
cualquier caso, lo vengo diciendo desde el inicio mismo de la
navegación, y quien avisa no es traidor: esto no es esto. Esto
no ha sido esto. Como casi nunca. Como casi siempre. Joaquim
Dols Rusiñol Profesor
del Departamento de Dibujo Universidad
de Barcelona Ballobar,
Huesca
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