Texto de Chema Eléxpuru Soloaga   

Derivas gráficas

 

Deriva: Abatimiento o desvío de la nave de su verdadero rumbo por efecto del viento, del mar o de la corriente. Acción de sacar o separar una parte del todo, o de su origen y principio; como el agua que se saca de un río para una acequia.

 

En las propuestas que el artista plantea se concatenan todo un cúmulo de vivencias, conocimientos, reflexiones, obsesiones, etc. que se presentan como hechos consumados (obra final) y que en la mayoría de las ocasiones revelan solo de forma parcial su totalidad de significados emocionales, provocativos, conceptuales, instintivos, sensoriales, etc. Todo un universo complejo y personal que cada individuo canaliza a través de múltiples lenguajes identitarios de su modo de operar.

 

La categorización de estos lenguajes ha marcado tradicionalmente al propio artista, al que se le identifica más por el medio específico en el que desarrolla su obra (pintor, fotógrafo, escultor, etc.) que por su actividad intelectual-cognoscitiva-experimental, algo que define solo de forma parcial el campo de trabajo en el que se mueve el artista.

 

En el medio específico que nos ocupa, el grabado, es patente la carga histórica que conlleva, referida más a aspectos de factura que de creación, si a esto se le añade el factor técnico-procesual , nos encontramos ante una disyuntiva compleja de analizar desde el punto de vista específico-creativa del medio gráfico, históricamente subordinado a un desarrollo mimético de la pintura el dibujo y la fotografía.

 

En un análisis de superficie, en las técnicas gráficas (xilografía, calcografía, litografía, serigrafía) el factor que aglutina a todas ellas es que la creación se realiza de forma indirecta, a través de un soporte matriz para la consecución y repetición del original cuantas veces se desee. Este potencial multiplicador del medio gráfico, parece excluir aspectos sumamente importantes que subyacen en el lenguaje específico de la gráfica, al margen de su versatilidad industrial-difusora.

 

Este énfasis en el carácter multiplicador es cuestionable desde otros posicionamientos en los que no sólo se tiene en cuenta las posibilidades reproductivas sino que se   plantea la obra desde la reflexión puramente creativa en la que el medio está subordinado a la idea, aunque en ocasiones sea el propio medio el que la propicie; es en este punto en el que la navegación por el medio gráfico puede tomar derroteros en los que el artista arriesga factores establecidos para introducirse en terrenos sorprendentes.

 

Este extenso ámbito en el que situamos las derivas gráficas tiene su origen en el propio grabado y más concretamente con la xilografía, ya que su aplicación se diversificaba tanto para imágenes como para textos, combinados o por separado, a una tinta ( la de impresión) o iluminados y encolados, a modo de collage.

 

Desde los libros tabularios, o si nos alejamos aún más en la historia, desde la biblioteca de arcilla de Asurbanipal durante el imperio Ninivita, el sistema de creación-impresión, está íntimamente relacionado, abarcando ya desde sus principios un vasto territorio que el artista ha ido redescubriendo con nuevas actitudes y reflexiones en torno al modo de operar en gráfica.

 

 Esta originaria relación del grabado con el texto y el libro se perpetúa en los libros de artista, pero de la misma forma que el dibujo, la fotografía, la pintura o la escultura han evolucionado por derroteros impensables, sin limitaciones de modos y de medios, en el ámbito del grabado, estas nuevas propuestas amplificadoras se han relacionado más con otros campos, quizás en parte por la actitud del propio artista y también porque los mestizajes propios de estos tiempos complejizan su ubicación, entendiendo por ubicación la pertenencia a un territorio específico.

 

El territorio gráfico, más allá de la estampa sobre papel, abarca todo un espectro creativo en el que las relaciones de la obra con el medio pueden parecer ajenas al mismo, en apariencia, pero que en su totalidad o fragmentariamente pertenecen al modo de pensar-trabajar en el medio gráfico.

 

El grabado ha sido y continúa siéndolo un vehículo de múltiples funciones, por su capacidad de repetición para difundir conocimientos científicos, médicos, cartográficos, artísticos, etc. A partir de imágenes, signos y textos, este aspecto ha sido clave en el desarrollo de la humanidad.

 

Quizás sea esta la razón por la que su aplicación artística no difusora haya estado en manos de unos artistas, relativamente pocos en comparación con otras disciplinas, que han profundizado en los aspectos específicos del lenguaje gráfico renovándolo y mostrando toda la potencialidad del mismo.

 

Esta evidencia histórica se complejiza con los cambios que a lo largo del S.XX se han producido en el mundo del arte, tanto en su concepción como en su factura y presentación.

 

El panorama en el que se opera en la actualidad parece haber dejado al artista grabador en un terreno en el que sólo el desarrollo técnico-tecnológico le ofrece posibilidades de ampliar su campo de actuación, con lo que nos encontramos en una situación de similares características a las acontecidas con anterioridad histórica, en las que  por un lado, el reto técnico para imitar al lápiz, la aguada, la pincelada, etc.  y por otro el perfeccionamiento para su multiplicación, aparecían como avances significativos del medio gráfico, mas allá de la aplicación y del uso de las mismas para la creación. Sin embargo esta es una apreciación errónea, no es solo el avance técnico y tecnológico lo que posibilita el desarrollo creativo sino la renovación conceptual y la aportación de nuevos lenguajes.

 

Partiendo de esta premisa todos y cada uno de los recursos y mecanismos que intervienen en la creación en gráfica son potencialmente elementos que configuran el territorio gráfico; su planificación, su desarrollo, su factura, su contextualización y presentación.

 

Según esta reflexión, la utilización fragmentada de todos y cada uno de los elementos que componen el medio, sus recursos y sus características se derivan de una forma de pensar y actuar en gráfica, por lo que aspectos como la inversión de la imagen, el efecto espejo (matriz-papel), la huella, la presión, la incisión, la repetición, el soporte emisor (matriz), el soporte receptor, la permeabilidad, la transferencia, el reporte, el ataque del ácido, la mutación, la polivalencia, la combinatoria, la matriz como memoria y almacenaje, la superposición,el

 claroscuro (luz), la estampación-impresión, et...(esta lista puede ser tan larga como las derivas que cada cual tome en el momento de plantearse la resolución de su obra), pertenecen al ámbito de la gráfica.

 

La elección de cada elemento interviniente, presenta peculiaridades gráficas que abarcan un amplísimo espectro, aspecto este que si bien nos dota de múltiples posibilidades también implica un mayor conocimiento del medio para su concreción en la obra final.

 

Quizás sea la apariencia final de la obra, su distanciamiento de la estampa, lo que dificulta su percepción como obra perteneciente al territorio gráfico y la constatación de la íntima relación que con la gráfica tiene muchas de las obras que en la actualidad se producen. Esta relación parece más evidente en los procesos en los que intervienen las nuevas tecnologías de impresión digital y sin embargo es también manifiesta en las obras que se salen del plano bidimensional donde el campo de actuación es mayor, los límites quedan definidos por la presencia de aspectos gráficos, que en muchas ocasiones se refieren más a aspectos puntuales inherentes a los procesos técnicos anteriormente mencionados que a su aspecto final. Este planteamiento incorpora todas las derivas gráficas al terreno específico que le corresponde, aunque evidentemente mantenga relaciones con otros campos de creación.

 

Al igual que en cualquier otro espacio creativo, de lo que se trata es de sumar conocimientos para ampliar posibilidades de trabajo, ampliar los límites de lo que ahora conocemos genéricamente como medio gráfico, e incluir dentro de esta denominación a las "derivas gráficas" junto a "impresión digital", litografía, fotograbado, xilografía, serigrafía, grabado, etc.; cuestionar las denominaciones existentes crearía una confusión comunicativa difícil de solventar aunque en la práctica creativa no debiera de interferirse; sin embargo a  nivel teórico, confundir las partes con el todo nos llevaría a una situación de caos comunicativo que en nada nos ayudaría a prosperar en nuestra reflexión.

 

Esta vinculación de las derivas gráficas al terreno de la Obra Gráfica ( entendiendo esta de forma genérica) parece una apropiación que también pudiera realizarse desde la pintura o la escultura, pero nos parece una reivindicación territorial oportuna que continúa una línea de creación y experimentación en gráfica, adecuándose a principios acordes con los cambios y desarrollos que se están produciendo en la práctica artística.

 

Las derivas gráficas constan de aspectos intangibles-conceptuales y concretos.

 

Los intangibles y conceptuales se refieren a todos aquellos aspectos que estando presentes en la obra final y formando parte de los modos de operar en gráfica no se muestran de forma evidente, física, que tienen más relación con la forma específica del pensar en gráfica que con el resultado final tangible.

 

Los aspectos concretos son aquellos que nos permiten apreciar la obra, reconocerla: los soportes elegidos, la contextualización de las imágenes, la utilización de elementos procesuales como expresión de ideas en instalaciones etc., la descontextualización de materiales específicos del medio gráfico, etc...

 

El panorama que se vislumbra desde estas reflexiones nos introduce en un complejo territorio gráfico en el que los límites entre medios son difusos, y en el que sin embargo,  la "carga gráfica" es tan patente que nos obliga a recordar de donde deriva. .